• alguien me sugirió *** cada vez *** pidiera algo, lo hiciera añadiendo a la petición un... "me hace ilusión".

  • A veces te preguntas si todo este esfuerzo merece la pena. Si ser su SACERDOTE, o su ZANGANO, ir a donde ella te pide ir, hacer lo solicitado por ella - siempre destruyendo un poco más tu humanidad - y luego comiendo tu carne como si fuera una golosina corrupta y deliciosa, para volver a revivirte después y repetir este ciclo de nuevo...

    Si conservar la cordura perdida por tantos otros merece la pena. Si no serán más felices los antiguos humanos recorriendo las ruinas como si fueran bestias, comiéndose entre ellos. Si tu cordura y tu consciencia no serán más una tortura en lugar de una bendición.

    Pero ya no tiene sentido plantearse estas cosas. Ella te vuelve a llamar, para hacerte sufrir otra vez.



  • La reina aún espera

  • Le ves echado en el suelo en la pared del fondo del pasillo, apoyado sobre la estatua de una virgen, vuelta de espaldas como si no quisiera contemplar la sangrienta escena. El niño te contempla con los ojos de un cervatillo aterrorizado por las luces de unos focos. Te mira implorante, mientras se sujeta el muñón ensangrentado donde antes estaba su mano.

    Por favor, NO LA ESCUCHES. Déjame vivir. NO ME MATES. No sigas con sus órdenes. QUIERE ALIMENTARSE DE TU HUMANIDAD...

    Puedes seguir las órdenes dadas por ella...

    ...o también puedes retroceder por donde has venido, por el pasillo.

  • Las vitrinas rotas y polvorientas de una antigua tienda de electrónica hablan de otro tiempo muy lejano, en el cual tenía sentido desvalijar comercios y acumular bienes. Desde su fétido y oscuro interior, adivinas un bulto entre los componentes electrónicos rotos.

    Tu camino sigue al otro lado de este túnel, donde un antiguo parquecillo urbano entre edificios ha sido afectado por la enfermedad de la REINA. Aún desde esta distancia puedes distinguir cómo su interior supera en tamaño su exterior.

    Tras de tí, queda la boca de metro de la cual saliste.

  • Como el cadáver del antiguo dependiente de esta tienda lleva tanto tiempo muerto, apenas huele mal. Por la disposición de los objetos a su alrededor, adivinas cómo hizo un último intento por defenderse y elevar una barricada.

    Ni siquiera hizo falta. Echas un vistazo a la hoja de afeitar junto a sus brazos descarnados, a la negra mancha donde antes debería haber resbalado la sangre. El dependiente decidió terminar sus días por su propia mano.

    Nada más hay para ver aquí.

  • Escuchas su voz - si se la puede llamar así - entre los muros, retumbando en el suelo. Está hambrienta y excitada, eso ya lo sabes, pues ya la empiezas a conocer bien. No es la primera vez en la cual has experimentado esto, y por eso ya empiezas a ser capaz de controlar los temblores.

    Cuando se abre el suelo, y los viscosos pseudópodos se lanzan como dagas hacia tu carne, ya estás preparado para el dolor...

  • El recibidor, donde aguardaban las colas de parados. Posters motivacionales semi-arrancados comparten la pared con manchas negras de sangre seca. En el suelo, la moqueta ha sido arrancada en partes, y las papeleras ruedan libremente, como si hubieran sido testigos de una batalla.

    No hay restos de cadáveres. Probablemente ya se los han comido el resto de enfermos pobladores de este nuevo mundo.

    Un arco conduce a la sala de mostradores. Otra puerta lleva a un cuarto de baño de desagradable aspecto. Un pasillo gira algo más allá adentrándose en la oscuridad.



  • la rEIna EStá hAMbriEnTA

  • ...me haces ilusión.

    Sangre
  • Encadenado a una cañería de metal, un niño rubio de unos doce años lucha por liberarse, intentando romper a tirones el cilindro de metal. Su cara está sucia, probablemente por los muchos meses viviendo escondido entre las ruinas. Su ropa está hecha pedazos. Sin embargo, su mirada no está enloquecida ni sus manos tienen huellas de sangre, como la mayoría de los locos caníbales habitantes de la ciudad. Cuando te ve, reconoce a un igual y te ruega sollozando.

    Por favor, ayúdame a salir de aquí. La REINA quiere comerse mi corazón...

    Tras de tí, el pasillo regresa al recibidor

  • Me hace ilusión cada cosa por pequeña *** sea y no es ni el mensaje, ni el gesto, ni el "porque sí". Es la persona.

  • Tras el bosquecillo enfermo, se encuentra el palacio de la REINA.

    Has llegado otras veces a otros de sus palacios. Siempre ha sido curiosa su elección de los lugares en los cuales habitar; nunca ha posado sus divinos pies en las ruinas del Palacio de la Zarzuela o en el Museo del Prado y sus polvorientas salas vacías. Ni siquiera ha dejado caer su presencia cerca del lago del parque del Retiro, con sus aguas turbias de sangre.

    No. Cuando elige un nuevo hogar, su vulgaridad supera la del anterior. En esta ocasión, su palacio es una oficina abandonada del INEM.

  • Un viejo display electrónico, ahora hecho añicos en el techo, anunciaba los turnos en esta amplia sala, donde en otro tiempo se pudieron ver los rostros de aburridos funcionarios, introduciendo datos en el teclado de sus ordenadores.

    Ahora las sillas están vacías, muchas volcadas en el suelo, otras hechas pedazos contra las paredes desconchadas. Las torres de los ordenadores sistemáticamente arrojadas sobre el suelo, con sus componentes electrónicos desparramados.

    Un arco lleva de regreso al recibidor.

  • Cuando giras la imagen de la virgen - su mirada de beatitud fría salpicada de sangre - notas un agujero en el centro de su pecho. Comprendes bien lo sugerido por ella, y colocas el corazón aún caliente en el interior de la cavidad del pecho.

    De improviso, una sección de un muro cercano se derrumba, dejando visible un espacio entre tabiques y cañerías, abriendo como un bostezo su boca negra de lobo.

    Es ella, la REINA, te está llamando.

  • Amanece un sol enfermizamente amarillento, por entre las siluetas de los viejos edificios, y los retorcidos hierros de las antiguas antenas de televisión.

    Asciendes desde las oscuras ruinas de la línea abandonada de Metro. A tu lado, un desgastado grafiti anuncia su aterrorizado mensaje. El aire de la calle vibra por efecto del calor. A excepción de alguna rata del tamaño de un perro - escondiéndose rauda al verte aparecer - no hay nada más vivo en este lugar.

    El camino por el cual debes continuar tu viaje, pasa a través de un viejo túnel comercial abandonado.

  • Me hace ilusión cada idea *** te cuento porque así son también un poco tuyas.

  • El cuarto de baño de estas oficinas, el cual ni siquiera en su época debía haber sido un exceso de pulcritud, ahora muestra un escenario dantesco; losetas arrancadas, lavabos llenos de un líquido negro maloliente y estancado, un fuerte hedor a heces y vómitos procedente de los urinarios...

    Un mensaje ha sido garabateado a toda velocidad sobre uno de los espejos. Tras de ti, se encuentra el recibidor.

  • Me hace ilusión cada "porque sí" *** te ha salido del corazón.

  • me hace ilusión *** te hayas cruzado en mi camino cada vez *** estaba perdida.

  • Recoges el abrecartas, aferrándolo entre tus manos, preparándote para las dificultades venideras.

    De repente, te llega un fuerte ruido lejano, como el de hierro quebrándose.

  • Mientras le abres el pecho con la hoja del abrecartas, se aferra a ti, te escupe sangre, te mira con los ojos acusadores hasta el momento cuando se le apaga la mirada. Pero no llora, no grita, no implora mientras el filo le corta la vida. Es un chico valiente.

    Para cuando le has arrancado el corazón, ya es tan sólo un cadáver.

  • La enfermedad de los bosques es como otras tantas curiosas enfermedades iniciadas en este nuevo mundo, desde la venida de la REINA; inexplicable e ilógica. Ahora, los bosques conspiran contra quienes caminan por ellos. Les hacen perderse en juegos de lógica y les aterrorizan con sus susurros y penumbras. No hay razones para ese comportamiento; sencillamente se comportan así. Muchos han muerto dando vueltas hasta morir de inanición.

    Tu misión te obliga a pasar necesariamente por este lugar, por tanto lamentarse por la muerte de la lógica en este mundo no va a servirte de nada.

    Algo más adelante, te parece distinguir tres salidas.

  • BOSQUE